Respecto a la adquisición de una identidad a través del metal, el formar parte de esta subcultura tiene implicaciones de gran impacto respecto a las relaciones interpersonales. Aunque actualmente goza de mayor popularidad y aceptación, el patrón parece seguir repitiéndose: los individuos quienes no están familiarizados con el metal, en especial padres de familia, profesores y otras figuras de autoridad como la policía posiblemente tiendan a mostrar cierto rechazo debido a la propia naturaleza que tiene desde su origen, el uso de imágenes y símbolos que como ha sido mencionado a lo largo de este trabajo tienen la intención de causar en quien lo presencia la sensación de miedo, repulsión y otras formas de impacto para hacerse notar.
En cuestión de aquellos pares que
están involucrados en el metal, estos son capaces de establecer relaciones a
partir de sus encuentros en las tocadas, es decir, este tipo de eventos además
de ofrecer el acceso a la música también se fomenta la socialización, ya sea
con conocidos o con nuevas personas. Con base a la información que obtuvimos en
los cuestionarios para muchos de los asistentes representa una oportunidad de
convivir con conocidos y amigos, así como de tener un tiempo de esparcimiento.
Es así como la música se vuelve un medio que da lugar a ciertos espacios donde
convergen gran cantidad de personas con algo en común.
Consideramos que el término tribu se adecúa bien al fenómeno estudiado, en primera instancia por el hecho de que en el espacio urbano tienen ciertas zonas que sirven como puntos de encuentro para las actividades ya antes descritas, además, existe una vestimenta, lenguaje propios, así como una historia y mitos que comparten. Los miembros de esta subcultura poseen criterios con los cuales son capaces de determinar la pertenencia de otros, aunque esta cuestión es de un carácter más implícito.
Estos criterios principalmente son
de carácter intrínseco, es decir, el ideal del metalero es aquel que disfruta
la música y que si hace uso de la vestimenta sea no solo por moda o para causar
impresión, sino porque tenga relevancia en su vida. Para los miembros de las
bandas se espera algo similar, el hecho de tocar por tocar, antes que el dinero
o el reconocimiento fuera de la escena como pueden ser patrocinios o la
presencia en medios como la televisión, la radio, revistas, prensa, etc.
El impacto que tiene el metal sobre
la cultura yucateca no parece sustituir de una manera tan significativa la
música tradicional, las costumbres y otros elementos característicos como
podrían hacerlo el consumo de otros géneros musicales que alcanzan a un número
de personas más amplio. No obstante, tampoco encontramos una gran adaptación en
la mayoría de los casos, en la mayoría de los subgéneros como el thrash y el
death metal, los temas como la guerra, la violencia y la muerte siguen siendo
abordados de la misma forma como lo hacen los grupos extranjeros.
Lo único que los distingue es el
hecho de que la mayoría de las bandas escribe sus canciones en español. Los
grupos que suelen hacer referencias a la cultura yucateca de manera más
frecuente son los de black metal, aludiendo a la mitología propia del periodo
prehispánico en Yucatán. Las temáticas de protesta como críticas al gobierno,
la pobreza y otras problemáticas sociales son abordadas raramente en el metal,
sin embargo, pueden ser encontradas en el punk, ska y reggae locales.
Aunque las
personas suelen tener una imagen negativa de esta subcultura por la apariencia que
proyecta y por la idea que tienen de su conducta asociada con vicios y prácticas
de riesgo, es un hecho que el ser metalero para las personas con las que
trabajamos va más allá de ello. Pese a que existen ciertas pautas tácitas sobre
las características que lo conforman, cada persona que vuelve de esta música un
punto importante en su vida, termina por adaptarla de una manera que sea
congruente consigo misma, es decir, que cumpla satisfactoriamente en la
formación de su identidad.
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