domingo, 11 de mayo de 2014

Resultados

La presencia del metal en Mérida hoy en día es evidente al ver una escena constantemente activa donde entran y salen participantes ya sean organizadores, bandas o público pero es relativamente estable. A su vez, representa un punto clave en el sureste del país, ya que suele importar y exportar bandas del underground.



Tampoco puede pasarse por alto la existencia de estudios de grabación, distros, maquilas y otros agentes que hacen posible la creación y difusión del material musical de las bandas locales. Todo esto gestionado en su mayoría frecuentemente por miembros de bandas o entusiastas del género. Parece ser que desde su llegada en los noventas a esta ciudad, el fenómeno de la subcultura del metal se desarrolla con cierta similitud al igual que en otros lugares del país.
            




Respecto a la adquisición de una identidad a través del metal, el formar parte de esta subcultura tiene implicaciones de gran impacto respecto a las relaciones interpersonales. Aunque actualmente goza de mayor popularidad y aceptación, el patrón parece seguir repitiéndose: los individuos quienes no están familiarizados con el metal, en especial padres de familia, profesores y otras figuras de autoridad como la policía posiblemente tiendan a mostrar cierto rechazo debido a la propia naturaleza que tiene desde su origen, el uso de imágenes y símbolos que como ha sido mencionado a lo largo de este trabajo tienen la intención de causar en quien lo presencia la sensación de miedo, repulsión y otras formas de impacto para hacerse notar.



Debido a lo anterior, el individuo que adopta los rasgos de esta subcultura posiblemente tenga que estar preparado para afrontar este tipo de situaciones, aquí es donde puede percibirse de forma más notoria el carácter contracultural de este tipo de música, aunque posiblemente no todos asuman una postura tan radical.

Esto depende principalmente de qué elementos derivados del metal adopten y qué tanto los incorpore en su identidad, por ejemplo, un joven que no necesariamente tenga una vestimenta que lo identifique como metalero puede pasar desapercibido, en caso contrario, quien se apropia de la vestimenta típica así como del cabello largo o tatuajes, captará la atención de las personas desde el momento en que lo vean.



En cuestión de aquellos pares que están involucrados en el metal, estos son capaces de establecer relaciones a partir de sus encuentros en las tocadas, es decir, este tipo de eventos además de ofrecer el acceso a la música también se fomenta la socialización, ya sea con conocidos o con nuevas personas. Con base a la información que obtuvimos en los cuestionarios para muchos de los asistentes representa una oportunidad de convivir con conocidos y amigos, así como de tener un tiempo de esparcimiento. Es así como la música se vuelve un medio que da lugar a ciertos espacios donde convergen gran cantidad de personas con algo en común.




Consideramos que el término tribu se adecúa bien al fenómeno estudiado, en primera instancia por el hecho de que en el espacio urbano tienen ciertas zonas que sirven como puntos de encuentro para las actividades ya antes descritas, además, existe una vestimenta, lenguaje  propios, así como una historia y mitos que comparten. Los miembros de esta subcultura poseen criterios con los cuales son capaces de determinar la pertenencia de otros, aunque esta cuestión es de un carácter más implícito.

Estos criterios principalmente son de carácter intrínseco, es decir, el ideal del metalero es aquel que disfruta la música y que si hace uso de la vestimenta sea no solo por moda o para causar impresión, sino porque tenga relevancia en su vida. Para los miembros de las bandas se espera algo similar, el hecho de tocar por tocar, antes que el dinero o el reconocimiento fuera de la escena como pueden ser patrocinios o la presencia en medios como la televisión, la radio, revistas, prensa, etc.

El impacto que tiene el metal sobre la cultura yucateca no parece sustituir de una manera tan significativa la música tradicional, las costumbres y otros elementos característicos como podrían hacerlo el consumo de otros géneros musicales que alcanzan a un número de personas más amplio. No obstante, tampoco encontramos una gran adaptación en la mayoría de los casos, en la mayoría de los subgéneros como el thrash y el death metal, los temas como la guerra, la violencia y la muerte siguen siendo abordados de la misma forma como lo hacen los grupos extranjeros.

Lo único que los distingue es el hecho de que la mayoría de las bandas escribe sus canciones en español. Los grupos que suelen hacer referencias a la cultura yucateca de manera más frecuente son los de black metal, aludiendo a la mitología propia del periodo prehispánico en Yucatán. Las temáticas de protesta como críticas al gobierno, la pobreza y otras problemáticas sociales son abordadas raramente en el metal, sin embargo, pueden ser encontradas en el punk, ska y reggae locales.

Aunque las personas suelen tener una imagen negativa de esta subcultura por la apariencia que proyecta y por la idea que tienen de su conducta asociada con vicios y prácticas de riesgo, es un hecho que el ser metalero para las personas con las que trabajamos va más allá de ello. Pese a que existen ciertas pautas tácitas sobre las características que lo conforman, cada persona que vuelve de esta música un punto importante en su vida, termina por adaptarla de una manera que sea congruente consigo misma, es decir, que cumpla satisfactoriamente en la formación de su identidad.


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